5 POETAS VALLENATOS DE FINALES DEL SIGLO XX
Antología de poemas, contiene cuatro heterónimos y un nombre propio. Realismo mágico en versos. Se puede leer gratis en siceditorial.com
Una primera voz, la de Juan de Dios Fonseca, es la reivindicación de Caín, un hombre caído ante Dios; pero humanamente inocente y sincero:
"Mi hermano, frente al río,
contempla la alegría líquida
y la verde sonrisa de la tierra
El canto de los pájaros
le picotea el oído como fruta madura,
le da de comer a los peces en la mano
y el viento lo saluda como al más
hermoso árbol del bosque
Desde la piedra observo
su ancha espalda
y escucho el latido de su pecho
feliz como el arco iris
¿Le reservaron el paraíso?
¿Llegaré a tenerlo?
Mi mano, enérgica, aprieta
el puñal
su ancha espalda sigue creciendo"

En otro poema del Libro de Caín dice:
"La carne de tu oveja me despierta,
la celebro en mi altar
- hermano mío -
Silenciado el deseo escucho
los reproches de Dios;
En vano el arrepentimiento
para un pecado repetible"
Una segunda voz, la Pedro Olivella Solano, es un álbum de retratos de personajes de su entorno macondiano:
LA ABUELA TUPE
La abuela Tupe leía la piel viva de los animales
Descubría el eco del fuego en la ceniza
Y escuchaba la luz del porvenir
Dejaba gente pegada en los asientos
Y espantaba con su escoba a las malas vecinas
Olfateaba en la palma de la mano
El Rumbo de la lluvia
Y podía amarrar hombres con agua de tinaja
La Abuela me enseñó a ver los colores
del relámpago
A criar peces en el agua de los cocos
Y a buscar la comba de los árboles
Sus mejores palabras
Me las dijo en secreto y en voz baja
La Abuela se murió pero está viva
Y habla desde mi sangre.
Urbano Becerra, la tercera voz, renuncia a su ciudadanía y nacionalidad. Se rebela en contra de la patria, con una Nueva Canción:
“Tengo propósitos que difieren de la tradición.
He borrado del viento las banderas de todas las naciones
No soy de aquí ni soy de allá
Esta música me gusta aunque sea de otra parte
Dentro del corazón crece mi planeta azul
Soy de este charco de luz sin patio ni fronteras
Hundo mis raíces aéreas en los computadores
Esta es mi nueva canción.
Si alguien encuentra mi cédula de ciudadanía de algún país
le ruego por favor no devolverla
Sentiré una magnífica gratificación.”
El autor de Apocalipsis Rural es la cuarta voz. Alex Amaya – mitad real - es oriundo de un mundo campesino en la Costa Caribe de Colombia, el mismo de García Márquez; pero el Nóbel lo contempla en su esplendor. Amaya lo mira derrumbarse. La poesía se vuelve nostalgia:
“Vivíamos humildemente como reyes rurales
hasta que llegó el dragón de cemento
y derribó las casitas de bahareque
Se abrieron siete sucursales de siete bancos
que traían el nombre del gran ladrón
La luna y el sol se convirtieron en electrodomésticos
Los días y las noches plásticos y desechables
Hoy nos damos cuenta de que nuestros hijos
no serán príncipes de la tierra
sino carne cruda para la ciudad
Morirán de hambre
en las puertas de los templos helados de las mercancías
donde solamente comerán
los que tengan la contraseña del dinero
Los que lean los poemas de Harry Martinson
tendrán la posibilidad de comprender la tragedia
de los niños que mueren debajo de los coches
sin llegar a conocer un caballo
Estos tiempos aciagos
no los anunció el Almanaque de Bristol
aunque ya venían irreversibles
caminando hacia nosotros.”
La quinta voz tiene dos nombres, como en un espejo; pero los dos son imágenes de un rostro escondido. Juanito Olivella o Filippo Papini, se manifiestan con ironía en contra de unos Nuevos Poetas:
“Tengo en mis manos un Manifiesto
de poetas que declaran
entregarse al azar para escribir sus versos
¡qué azar injusto con ellos
que les depara cosas repetidas!
Su aspiración es no darse a entender
para ser originales
Corren detrás de la confusión
y del absurdo
buscando un territorio íntimo metafísico
El pensamiento moderno con sus religiones insanas
carcome el natural sentimiento de realzarse
La materia eterna de la poesía
está nuevamente puesta a prueba.”
En total cinco poetas vallenatos de finales del Siglo XX que constituyen un coro de voces moderadas, auténticas y con vocación de permanencia como toda verdadera poesía.
Mi nombre es Pedro. Vivo en Valledupar, Colombia. Soy abogado y escritor. Arcadia es mi casa.