23 Enero 2012
En el 2006 abrí este blog y lo dejé abandonado. Vuelvo muchos años después con este cuento, que también estaba abandonado...
LAS CINCO ESQUINAS DEL CIEGO (Primera parte)
1.- Un ciego tocaba el acordeón en Cinco esquinas. Su música discurría por toda la Calle del Cesar. Séptima arriba, séptima abajo. No se salía por los lados, no se derramaba, sino que parecía una serpiente larga extendida en la calle. El acordeón que la desenrollaba se encogía y se estiraba, como si también fuera un animal de goma. A veces se cerraba tanto que parecía que las dos manos del ciego, que también parecían de goma, quisieran aplaudir. El acordeón quedaba mudo, pero no se escuchaban los intervalos de silencio porque la música que estaba en el aire no se desvanecía, sino que seguía serpenteando. Al medio día, cuando el ciego almorzaba, ponía el acordeón en el suelo, pero tampoco se escuchaba ese breve silencio del almuerzo, porque la música seguía sonando por su cuenta, libre, en toda la Calle del Cesar. Séptima arriba, séptima abajo, me dijo Wicho Sánchez.
2.- Esa música nunca dejó de escucharse, ni siquiera después de la muerte del ciego. La música se quedó ahí, calle arriba calle abajo. Lo que pasó fue que ya nadie veía al ciego, entonces parecía que no la escucharan, me dijo Abrahán Carrillo, que fue por mucho tiempo lazarillo del ciego.
3.- La gente, la que tiene bien sus dos lámparas, necesita ver las cosas de donde salen los sonidos para poder escucharlos. Vea pues, tienen oídos y no oyen, dijo en voz alta el Cuinqui Molina.
- Por eso los ciegos tenemos mejor oído, le respondió Leandro Díaz.
4.- Yo no vi nunca al ciego, pero sí escuché su música. El Panita Baute, que lo conoció por muchos años, me llevó al puesto exacto donde se ponía el ciego a tocar su acordeón en Valledupar. Me lo señaló con precisión. Yo me dejé llevar la vista por su dedo y la clavé en el piso. Entonces empecé a escuchar con claridad ese airecito que había salido desde hacía muchos años del acordeón del ciego en Cinco Esquinas. El Panita trató de ser más preciso y me fue detallando los pequeños sitios del puesto del ciego: aquí ponía el asiento, a este lado el bastón, en el otro el estuche y aquí el agua dulce que no le faltaba, porque el ciego vivía con sed.
5.- Cerré los ojos y me retraté al ciego tocando su acordeón en Cinco Esquinas. Un acordeón rojo. Lo vi clarito en mi mente mientras escuchaba la música que había tocado desde hacía muchos años y que subía y bajaba calle arriba y calle abajo sin desvanecerse.
servido por pedro
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23 Enero 2006
Al pequeño Thomas le escuché este cuento en la escuela, me parece genial compartirlo:
Había una niña que no hacía las tareas de castellano. Como castigo, una maestra que tenía poderes especiales, le quitó varias palabras, las cuales no podía pronunciar ni escribir. Eran solamente seis palabras, dos que designaban personas, dos nombres de animales y dos cosas. Ella dijo que no le importaba, porque al fin y al cabo había miles de palabras más que podía utilizar y pensaba que esas seis palabritas no le harían ninguna falta. Las palabras prohibidas eran: mamá, papá, perro, cucaracha, agua y hambre. Cada vez que intentaba pronunciarlas se le cerraba la garganta y se le trababa la lengua. Tampoco podía intentar escribirlas, porque se le endurecían los dedos y las manos.
En su primera mañana sin palabras se levantó y no podía dirigirse a su mamá ni a su papá y tampoco se atrevía a decirles el nombre, porque los niños no les deben decir el nombre a sus padres, sino que tienen que llamarlos con esas bonitas palabras de mamá y papá.
Ese día se fue muy triste para el colegio. Ella no se preocupaba por las otras palabras que no podía decir, porque para eso ya había pensado en otras soluciones. Cuando tuviera hambre se pondría una mano en la barriga y se daría unos golpecitos y la otra mano la pondría en la boca haciendo señas de que quería comer. Eso se lo podía entender todo el mundo, porque hay muchas cosas que se pueden expresar también con gestos y no se necesitan palabras. Pero no sabía como decir con gestos mamá y papá.
Tampoco le preocupaba la palabra agua, porque podía remplazarla con la fórmula química de H2O. Y sabía que podía acostumbrarse a pedir un vaso de H2O, a decir que el H2O estaba fría, a bañarse con H2O, a hablar del H2O de lluvia; pero no encontraba una fórmula química para decir mamá y papá.
La que menos le preocupaba era la palabra perro, porque en su casa lo que había era un lindo gatito. Pero ese día en el colegio, a la hora del recreo, le provocó, como siempre, un sabroso perro caliente, de los que vendían en la cafetería y no sabía como pedirlo. Se dio cuenta entonces de que hay palabras que pueden designar varias cosas distintas.
Cuando regresó del colegio estaba más triste por todo lo que le había pasado ese día. Llegó a la casa y en silencio le dio un besito a su mamá, que era muy cariñosa y buena. La mamá que conocía bien los gustos de su hija, le dijo:
- “Hija lávate las manos, para que te comas un delicioso perro caliente que te guardé”.
La niña entró al baño y abrió la llave del lavamanos; pero se había ido el agua y del tubo lo que salió fue una horrible y asquerosa cucaracha que le puso los pelos de punta. Trató de gritar pero se quedó completamente muda, porque había querido decir:
- “Mamá se fue el agua y hay una cucaracha en el baño, llama a mi papá para que la espante, tengo mucha hambre y no puedo lavarme las manos para comerme el perro caliente”.
La niña se desmayó del susto. Cuando despertó, prometió cumplir con sus tareas de castellano porque se había convencido de la importancia del lenguaje por todo lo que le había pasado sin poder pronunciar solamente seis palabras.
servido por pedro
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20 Enero 2006
Antología de poemas, contiene cuatro heterónimos y un nombre propio. Realismo mágico en versos. Se puede leer gratis en siceditorial.com
Una primera voz, la de Juan de Dios Fonseca, es la reivindicación de Caín, un hombre caído ante Dios; pero humanamente inocente y sincero:
"Mi hermano, frente al río,
contempla la alegría líquida
y la verde sonrisa de la tierra
El canto de los pájaros
le picotea el oído como fruta madura,
le da de comer a los peces en la mano
y el viento lo saluda como al más
hermoso árbol del bosque
Desde la piedra observo
su ancha espalda
y escucho el latido de su pecho
feliz como el arco iris
¿Le reservaron el paraíso?
¿Llegaré a tenerlo?
Mi mano, enérgica, aprieta
el puñal
su ancha espalda sigue creciendo"

En otro poema del Libro de Caín dice:
"La carne de tu oveja me despierta,
la celebro en mi altar
- hermano mío -
Silenciado el deseo escucho
los reproches de Dios;
En vano el arrepentimiento
para un pecado repetible"
Una segunda voz, la Pedro Olivella Solano, es un álbum de retratos de personajes de su entorno macondiano:
LA ABUELA TUPE
La abuela Tupe leía la piel viva de los animales
Descubría el eco del fuego en la ceniza
Y escuchaba la luz del porvenir
Dejaba gente pegada en los asientos
Y espantaba con su escoba a las malas vecinas
Olfateaba en la palma de la mano
El Rumbo de la lluvia
Y podía amarrar hombres con agua de tinaja
La Abuela me enseñó a ver los colores
del relámpago
A criar peces en el agua de los cocos
Y a buscar la comba de los árboles
Sus mejores palabras
Me las dijo en secreto y en voz baja
La Abuela se murió pero está viva
Y habla desde mi sangre.
Urbano Becerra, la tercera voz, renuncia a su ciudadanía y nacionalidad. Se rebela en contra de la patria, con una Nueva Canción:
“Tengo propósitos que difieren de la tradición.
He borrado del viento las banderas de todas las naciones
No soy de aquí ni soy de allá
Esta música me gusta aunque sea de otra parte
Dentro del corazón crece mi planeta azul
Soy de este charco de luz sin patio ni fronteras
Hundo mis raíces aéreas en los computadores
Esta es mi nueva canción.
Si alguien encuentra mi cédula de ciudadanía de algún país
le ruego por favor no devolverla
Sentiré una magnífica gratificación.”
El autor de Apocalipsis Rural es la cuarta voz. Alex Amaya – mitad real - es oriundo de un mundo campesino en la Costa Caribe de Colombia, el mismo de García Márquez; pero el Nóbel lo contempla en su esplendor. Amaya lo mira derrumbarse. La poesía se vuelve nostalgia:
“Vivíamos humildemente como reyes rurales
hasta que llegó el dragón de cemento
y derribó las casitas de bahareque
Se abrieron siete sucursales de siete bancos
que traían el nombre del gran ladrón
La luna y el sol se convirtieron en electrodomésticos
Los días y las noches plásticos y desechables
Hoy nos damos cuenta de que nuestros hijos
no serán príncipes de la tierra
sino carne cruda para la ciudad
Morirán de hambre
en las puertas de los templos helados de las mercancías
donde solamente comerán
los que tengan la contraseña del dinero
Los que lean los poemas de Harry Martinson
tendrán la posibilidad de comprender la tragedia
de los niños que mueren debajo de los coches
sin llegar a conocer un caballo
Estos tiempos aciagos
no los anunció el Almanaque de Bristol
aunque ya venían irreversibles
caminando hacia nosotros.”
La quinta voz tiene dos nombres, como en un espejo; pero los dos son imágenes de un rostro escondido. Juanito Olivella o Filippo Papini, se manifiestan con ironía en contra de unos Nuevos Poetas:
“Tengo en mis manos un Manifiesto
de poetas que declaran
entregarse al azar para escribir sus versos
¡qué azar injusto con ellos
que les depara cosas repetidas!
Su aspiración es no darse a entender
para ser originales
Corren detrás de la confusión
y del absurdo
buscando un territorio íntimo metafísico
El pensamiento moderno con sus religiones insanas
carcome el natural sentimiento de realzarse
La materia eterna de la poesía
está nuevamente puesta a prueba.”
En total cinco poetas vallenatos de finales del Siglo XX que constituyen un coro de voces moderadas, auténticas y con vocación de permanencia como toda verdadera poesía.
servido por pedro
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